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Sentir los Números como una Vibración

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Descripción

Toda la teoría y práctica mística de los números. Toda su magia y sabiduría acogidas en un extraordinario libro con un gran tamaño 13 x 21 cm. Duradero y resistente par consulta permanente. Libro de cabecera.

Sinopsis

Considero que todos los seres humanos nacemos con un “don”, con capacidades que están relacionadas con nuestra esencia y que nos permiten abrirnos paso a través de un mundo muy cuadrado. Ese “don” a veces es visto por otros como “locura”, pero se trata de un conjunto de sensaciones y sentimientos que inicialmente no relacionamos para nada con lo que en nuestras vidas entendemos como “habitual”. A muy temprana edad comencé a sentirme bajo presión con respecto a lo que pasaba en mi entorno. Repentinamente me aceleraba cuando todo a mí alrededor estaba muy tranquilo. Para mí era usual escuchar algo diferente a las voces normales, imágenes que se proyectaban en mi mente, sensaciones de cosas que no pasaban a mí alrededor y que, sin embargo, yo sentía. Mi niñez estuvo rodeada del amor de mi madre, quien me crió con el apoyo de mi abuela paterna, María Cristina Gutiérrez, instructora metafísica, para quien todo aquello que yo experimentaba, las voces y sensaciones que me aceleraban, eran totalmente normales. Fui bautizado en la metafísica a los 6 meses y por la iglesia católica a los 10 años. Pero mi infancia no tuvo nada que ver con conceptos religiosos. Mi abuela daba charlas sobre metafísica y para mí era normal escucharla junto a Carola de Goya, quien luego heredó la institución que fuera de Conny Méndez, ambas pilares de la metafísica en Venezuela. Yo corría en la librería de Carola entre un montón de libros, y además podía ver y escucharlas hablar de metafísica. Pero para mí no era importante en ese momento: yo solo era un niño que quería jugar, y eso era lo que hacía. Más adelante, a partir de los 10 años, comencé mi acercamiento con la música y las tradiciones populares venezolanas: la Parranda de San Pedro, San Juan, el cuatro y la música venezolana. Este vínculo me llevó luego a conectarme con los coros de la Iglesiade Nuestra Señora de Lourdes, en la Parroquia San Juan de Caracas, donde cantaba todos los domingos desde las 6 de la mañana y hasta las 6 de la tarde, un poco por la música y otro poco por buscar algo que estuviera relacionado a lo que después entendí que es mi esencia: el mundo espiritual. Y a pesar de que a los 17 años pensé en hacerme sacerdote, esa conexión con lo espiritual habría de venir por otra vía. Comencé a estudiar Contaduría en la Universidad Católica Andrés Bello y poco tiempo después tuve la oportunidad de trabajar como encargado de una tienda de Feng Shui y Aromaterapia. Un día una señora se acercó a la tienda y me preguntó si yo consultaba, y a pesar de que nunca lo había hecho, le dije que sí. Se sentó frente a mí, copié su nombre y su fecha de nacimiento y con unas cartas españolas que habían sido de mi abuela materna Carmen Lobo, muy vinculada con la montaña de Sorte y al espiritismo, empecé a decirle detalles relacionados con su vida. Le hablé de su pasado, su presente y de su futuro, y ella salió muy satisfecha. Esa misma señora comenzó a traerme gente para consultarla y yo siempre anotaba el nombre y la fecha de nacimiento. Mis primeras consultas se basaban en cerrar los ojos y escuchar, o más bien ver imágenes que se me venían a mi mente, según el nombre de la persona. Hasta entonces simplemente se trataba de escuchar. Con el paso del tiempo, todo se puso más complicado porque asistía a la universidad y, además, consultaba entre 7 y 8 personas todas las mañanas, y los sábados desde las 7 de la mañana hasta las 6 de la tarde. De una u otra manera, tenía que encontrar un método que me ayudara sin necesidad de usar el don con el que había nacido, porque después de la décima consulta las voces en mi mente me resultaban agotadoras. Necesitaba un procedimiento que fuera tan exacto como esas voces e imágenes y que me ayudara a definir el comportamiento de los números de las personas, qué situación estaban viviendo, hacia dónde iban, cuáles eran sus cargas emocionales, sus condiciones económicas…

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